Nadar entre Tiburones


Septiembre 19 de 2020

 

Todos los sectores de la economía experimentan un grave impacto en su flujo de caja, siendo el sector informal y los nuevos emprendedores quien sin financiamiento y sin la experiencia de cómo enfrentar escenarios económicos complejos, sufren el mayor impacto.  

Hay decenas de webinar que proclaman soluciones rápidas: “Vendemos su inmueble en 24 horas” “Cerramos negocios en pandemia” “La pandemia una gran oportunidad de inversión” “Cómo convertirse en un tiburón de las ventas”… y ha surgido un grupo de tiburones al cual se debe aspirar a pertenecer o desaparecer.

Esta carga de precisiones ante las restricciones que impone la pandemia crea un dilema ético: Mi supervivencia me obliga a decidir si convertirme en un tiburón o ser la “cena” de uno de ellos.

La semántica es el significado, sentido e interpretación de las palabras. Un tiburón (según Wikipedia) es un pez marino que se alimenta de peces, crustáceos y de otros tiburones. Con colores que le ayudan a camuflarse de sus víctimas y se vale de su sentidos del olfato y la visión para cazar sus presas usando el factor sorpresa.

Seguramente no fue esta la intención de quienes crearon el concepto, pero las características depredadoras del tiburón fue el metamensaje que se envió, sin tener en cuenta la depreciación  de los valores que se suceden cuando se extrapolan al ser humano.

Se han multiplicado las quejas de prácticas profesionales inmobiliarias inadecuadas: “Viveza criolla”; aprovechamiento de las debilidades en los procesos de captación; proliferación de ofertas de un mismo inmueble con diferentes precios; operaciones compartidas que no se compartieron; terrorismo en las apreciaciones de precio que incitan a  “venda hoy porque mañana valdrá menos”.

No es extraño que la situación pandémica genere incertidumbres entre propietarios, inquilinos e inmobiliarios y ¡Sálvese quien pueda! sea la solución desesperada que ha evidenciado estas carencias éticas.

Hacia la década de los ochenta, Edward Freeman acuñó el concepto de stakeholders o grupo de interés que pueden influir en el éxito de una organización o verse afectada por ellos; se trata de clientes, empleados, proveedores y accionistas. Ellos son elementos esenciales en la planificación estratégica. La empresa debe preocuparse  por su reputación ante ellos, porque la verdad pura y dura es que sin la confianza de este grupo, no hay negocio. La reputación se ha convertido en una ventaja competitiva.  

Nadar entre tiburones sin perecer en el intento, es comenzar a cambiar el concepto Darwiniano de separación, competición y supervivencia del más fuerte, por el de cooperación entre iguales para satisfacer las necesidades y deseos de los stakeholders.

Sin embargo los tiburones son necesarios porque nos permiten conocer y establecer las diferencias. Las diferencias es lo que agregan valor a los  productos o servicios profesionales.

¿Qué responsabilidad tienen los gremios en la concepción ética de sus agremiados? Esta es harina de otro saco del cual hablaremos otro día.

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Aníbal Gómez A.

Corredor Inmobiliario Certificado Nº 114

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